Cuando se acaba de cumplir el tercer aniversario del carnet por puntos en España he decidido volver a correr, sí he decidido volver a disfrutar de la velocidad, revolucionar el motor de mi coche por las autopistas gallegas y hacer de mi odisea la aventura más arriesgada y emocionante que jamás haya vivido, sin pensar en ningún momento en las consecuencias que esto pueda acarrear. Y si mientras leen estas palabras creen que me he vuelto loca, que soy una inconsciente o simplemente una joven conductora temeraria más, desechen esa idea porque no es así. Mi decisión no es fruto de un impulso, ni siquiera es un acto de rebeldía, es el resultado de una decisión muy meditada. Y es que si el Presidente de la Xunta de Galicia ha decidido “aparcar” durante todo este tiempo su propia seguridad y ahora venderla definitivamente al mejor postor ¿por qué iba a ser yo menos?
Feijóo nos ha dado esta semana un mensaje muy claro a todos los gallegos: no hay por qué temer a los accidentes ni a los atentados, no hay porque adoptar medidas para preservar la seguridad, porque eso no nos afecta, eso siempre le ocurre a otros. Y por ello estoy decidida a volver a correr, del mismo modo que los bañistas han decidido este verano hacer caso omiso a las banderas rojas que ondeen en las playas gallegas, los obreros han decidido no colocarse nunca más el arnés en el andamio, los motoristas soltar su melena al viento y dejar el casco en casa y los miembros de los cuerpos de seguridad colgar del armario sus chalecos antibalas …Y es que si al Presidente de la Xunta de Galicia no le importa ni su protección ni su seguridad, ¿por qué ha de importarnos a los ciudadanos la nuestra?
Si la demagogia y la estupidez han conducido a Feijóo a tomar esta decisión, olvidándose de los protocolos de seguridad que como Presidente de la Xunta de Galicia debe llevar a cabo, minusvalorando los peligros y riesgos que conllevan su cargo y optando por quedarse sin coche blindado para reforzar su campaña de “austeridad”, yo no voy a ser menos.
La renuncia que hace Feijóo a la seguridad, por comodidad y utilidad, invita a la renuncia a cada uno de los gallegos. Invita a la renuncia al obrero, al bañista, al motorista…invita a dejar de creer que la seguridad es cosa de todos y va contra la ética, es un atentado contra la consigna común de que la seguridad es importante y además es algo que nos afecta a todos.
Así que estoy decidida y voy a hacerlo. Volveré a correr y a superar los límites de velocidad sin el menor remordimiento, volveré a disfrutar del asfalto como hacía antes de preocuparme por la seguridad y volveré a hacer de cada trayecto una carrera ilegal por llegar la primera a la meta.
Y ya saben lo que se dice “Fe en Dios e ferro a fondo”.
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